Con esfuerzo, constancia y una historia de superación que emociona, Sebastián “Seba” Flores fue distinguido por segunda vez con el Cabral Dorado en la Fiesta del Deportista de Saladas. El atleta saladeño coronó un 2025 inolvidable, con podios nacionales, experiencia internacional y el sueño intacto de seguir representando a Corrientes y al país.
Saladas volvió a aplaudir de pie a uno de los suyos. Sebastián Flores recibió este fin de semana su segundo Cabral Dorado, el máximo reconocimiento al deporte local, confirmando un año extraordinario que lo tuvo como protagonista dentro y fuera de las pistas.
“Sí, me lo esperaba, porque hice un buen año”, confesó Seba en diálogo con Radio Urbana 90.5, en el programa Un Día Perfecto, conducido por Fabio Moreira. Y los argumentos sobran: en Mar del Plata logró tres medallas de oro (lanzamiento de bala, 100 metros y 200 metros en silla), además de destacadas actuaciones en Buenos Aires, en el CENARD, y una valiosa experiencia internacional en Chile, donde volvió a subir al podio representando a la Argentina.
Más allá de los resultados, el camino no fue sencillo. Flores compite con una silla prestada, ya desgastada por los años y el uso, una desventaja evidente frente a atletas de otros países que cuentan con equipamiento de última generación. “Ahí te das cuenta de la diferencia: las de ellos son de fibra de carbono, mucho más livianas. La mía ya no da para más”, explicó con sinceridad. Aun así, compitió, superó pinchaduras, descalificaciones polémicas y nunca bajó los brazos.
Chile, además, le dejó recuerdos imborrables: su primer viaje en avión, nuevas amistades y el orgullo de vestir los colores celeste y blanco. “Estaba muy contento porque estaba representando a mi país”, resumió.
El presente lo encuentra proyectando un futuro aún más ambicioso. En enero comenzará la pretemporada y se mudará a Buenos Aires para entrenar en el CENARD, donde continuará bajo la guía de su entrenador Gabriel Sosa, referente y formador clave en su crecimiento deportivo. El objetivo inmediato: nuevas competencias nacionales y la preparación para desafíos internacionales, con la mirada puesta en una revancha deportiva.
Pero si algo atraviesa la historia de Sebastián Flores es el acompañamiento humano. La familia emocionada —con un papá que no pudo contener las lágrimas—, los vecinos del barrio que soñaron con una caravana y una comunidad que lo reconoce como ejemplo. “Sin el apoyo de ellos no se puede”, repite Seba, con la humildad que lo caracteriza.
El segundo Cabral Dorado no es solo un premio: es el símbolo de una carrera construida a pulmón, de un joven que no se resigna ante las dificultades y que sigue soñando en grande. Saladas lo celebra, Corrientes lo acompaña y Sebastián Flores ya piensa en lo que viene: competir, superarse y volver a dejar bien alto el nombre de su tierra.


