Con la pasión intacta y seis años después de su última aparición en los corsos, Liz López vuelve a escena como flamante Reina de Batería de la Agrupación Musical Xangó. En diálogo con A Puro Carnaval por Radio Urbana 90.5, habló de su historia en el carnaval, del desafío físico y emocional que implica el rol y de una elección que la tomó por sorpresa, pero que hoy la encuentra disfrutando a pleno.
La alegría se le nota en la voz. “Estamos felices”, dice Lizz López, y esa felicidad atraviesa toda la charla. Coreógrafa de Xangó durante los últimos tres años, su vínculo con la agrupación venía creciendo desde el trabajo silencioso, el ensayo constante y la construcción colectiva. Pero este 2026 la encuentra en otro lugar: al frente de la batería, como reina, con todas las miradas puestas en su baile.
La invitación llegó en julio, en una de esas charlas que suelen anticipar el carnaval cuando todavía falta mucho para enero. “Nos juntamos a hablar de coreografías, de seguir trabajando, y después, casi al final, me dicen que querían que sea la reina de batería. Fue como un balde de agua fría”, recuerda. La primera respuesta fue negativa: el peso de la responsabilidad, la exigencia física y la experiencia previa hacían dudar. “No se me cruzó nunca por la cabeza volver a ser reina”, admite.
Sin embargo, el carnaval tiene esa capacidad de insistir. Y Xangó también. Con el correr de los días, el proyecto fue tomando forma y la decisión, madurando. “No podía decirles que no. Me trataron siempre muy bien y confiaron en mí”, afirma. Hoy, esa confianza se transforma en compromiso: ensayos, preparación física, control de la energía y una ansiedad que cuesta domar.
Liz no es ajena al mundo del samba y del carnaval. Su recorrido comenzó a los cinco años en Iberá, pasó por distintas agrupaciones y comparsas, y la llevó incluso a ser reina en otras épocas. Pero el regreso, seis años después, tiene otro sabor. “No es lo mismo. Los años pasan, la cabeza es otra, pero la pasión sigue”, confiesa. La experiencia, lejos de generar miedo escénico, le aporta calma: “Estoy tranquila, relajada. Me encanta la adrenalina”.
El desafío no es menor. Bailar frente a una batería exige resistencia, oído y conexión constante. “No soy bailarina de samba, aunque bailo todos los ritmos. El samba es otra cosa, mantener el sambado, los cortes, el ritmo. Yo quiero bailar todo el tiempo, pero tengo que regularme”, explica, entre risas, consciente de su energía inagotable. En ese proceso cuenta con el acompañamiento de colegas y de los propios músicos, a quienes define como “brillantes”.
El traje, diseñado por la comisión, también forma parte de esa preparación. “Me dieron el diseño, me gustó y me siento cómoda. Eso es lo más importante: bailar cómoda”, remarca. Sin exageraciones, sin un espaldar pesado, con la idea clara de priorizar el baile y la conexión con la batería.
Detrás de la reina está la mujer, la madre, la profe de zumba, la trabajadora incansable. Su hijo, de 12 años, es su mayor fan y quien más celebra este regreso. “Hace años que me dice ‘mamá, bailá los corsos’”, cuenta emocionada. La familia acompaña, apoya y espera, como todo Xangó, el momento del estreno.
Ansiosa, con ganas de que llegue ya el viernes de presentación, Liz López se prepara para vivir el carnaval desde el centro de la escena. Sin promesas grandilocuentes, pero con una certeza: “Yo voy a disfrutar. Algo voy a transmitir. Locura, seguro”. Y en el carnaval, muchas veces, eso es lo que más vale.


