Xangó en movimiento: voces jóvenes y pasión que encienden la calzada

Entre risas, anécdotas y mucha expectativa, Paz, Abril, Ariana, Gabriel y Anto —bailarines de la Agrupación Musical Xangó— compartieron en A Puro Carnaval, por Radio Urbana 90.5, cómo viven la previa del carnaval. Historias de regreso, debuts, decisiones de último momento y un denominador común: el sentido de familia que define a Xangó.

La charla arrancó distendida, casi como un ensayo más, y rápidamente dejó en claro algo: en Xangó nadie llega solo. Gabriel fue el primero en tomar la palabra, puntual como siempre. Con cinco años ligados a la agrupación —primero desde la percusión y ahora desde el baile—, representa ese espíritu multifacético que caracteriza a Xangó. “Quería vivir las dos experiencias”, contó, reconociendo que aunque ama tocar, el baile siempre fue una pasión pendiente.

"Anto", segura y frontal, no dudó en definirse: “Yo nací para bailar”. Su formación en folklore y su paso por el ballet municipal se reflejan en la confianza con la que encara cada coreografía. Pero más allá de la técnica, destacó lo grupal: cuando a alguno no le sale un paso, el resto acompaña, explica y vuelve a intentar. “Nos ayudamos entre todos”, resumió.

Ariana, con varios años en el carnaval y un recorrido que incluye el rol de Reina de la Miel, habló de su transición al desafío solista. “El grupo te contiene, te saca los nervios. Ahora es distinto: estoy sola frente al público”, explicó. Sin embargo, dejó en claro su pertenencia: pese a propuestas y tentaciones, nunca pensó en dejar Xangó. “Es mi familia”, afirmó.

Abril fue, quizás, la sorpresa de la tarde. Su decisión de volver al carnaval se tomó casi de un día para el otro. Lo que empezó como una ayuda desde afuera terminó en un “¿y si bailo?” que se transformó en traje, diseño y rol solista. Con humor y emoción, relató cómo esa elección exprés la encuentra hoy, sentada frente al micrófono, lista para volver a la calzada.

Paz, en tanto, regresa después de dos años alejada. “Amo bailar y amo el carnaval”, dijo sin vueltas. Su vuelta se fue gestando de a poco, entre charlas, ganas postergadas y la invitación justa en el momento indicado. Hoy, con diseño definido y el apoyo incondicional de su familia, se prepara para disfrutar sin la presión de otros tiempos.

Todos coincidieron en algo: Xangó llega preparado. Diseños pensados con anticipación, trajes casi listos y una banda que ya se acopló al cuerpo de baile. “Estamos esperando salir”, dijeron, con esa ansiedad típica de quien siente que el trabajo ya está hecho y solo falta que suene el primer golpe de tambor.

Entre nervios, rituales personales y la certeza de sentirse parte de algo más grande, los bailarines de Xangó dejaron en claro que lo suyo va más allá de una coreografía. Es pertenencia, es contención, es carnaval vivido en grupo. Y cuando llegue la noche, esa energía —la que se construye en los talleres y se fortalece en la amistad— será la que, una vez más, haga vibrar la calzada.