La Embajadora 2026 de la Comparsa Iberá pasó por A Puro Carnaval, el programa que se emite por Radio Urbana 90.5 MHz, y compartió sensaciones, sacrificios y sueños tras su primera noche en el corso. Entre plumas, emoción y dolor de espalda, Oriana habló de su amor por el carnaval y de un futuro que ya empieza a asomarse.
Con la serenidad de quien ya atravesó el momento más esperado, Oriana Miguel llegó a los micrófonos de A Puro Carnaval más relajada, “más suelta”, como ella misma definió. La joven, actual Embajadora 2026 de la Comparsa Iberá, repasó el camino que la llevó a ocupar uno de los lugares más visibles del desfile.
La propuesta llegó temprano: fue en mayo, apenas terminado el carnaval anterior, cuando Iberá comenzó a definir sus roles. “En mayo me dieron la propuesta y el diseño llegó en julio, en vacaciones”, contó Oriana, que no dudó en consultar primero con su familia. La respuesta fue un sí compartido, acompañado por la organización de una rutina intensa entre el estudio y la pasión carnavalera. Estudiante de Arquitectura, aseguró que transita con entusiasmo esta etapa: “Rindo un final en febrero y ya paso a tercero”.
El traje comenzó a tomar forma a la distancia. Desde agosto, Ori fue adelantando cada detalle mientras estudiaba. El mayor desafío fue el espaldar, que terminó de emplumarse horas antes del debut. “Eso fue lo único que me complicó, pero ya lo estamos arreglando”, explicó. Aun así, nada opacó el orgullo de pisar el corso y abrir el desfile de Iberá.
La noche tuvo de todo: nervios, ansiedad, una larga espera por cuestiones técnicas y el peso del espaldar que le jugó una mala pasada. “Me tiraba para atrás, casi no podía bailar al principio. Después se rompió y tuve que sacármelo”, relató. Sin embargo, lejos de retirarse, volvió para cerrar el paso de la comparsa, ya sin plumas, con bandera en mano y ganas intactas de disfrutar.
La emoción creció al ver a Iberá desplegar su energía. “Hermosa, la vi hermosa. Muy orgullosa y muy feliz”, dijo, destacando el acompañamiento del público y de la tribuna, esa hinchada que levanta cualquier dolor. “Ahí te olvidás de todo”, resumió.
Oriana llegó a Saladas el 23 de diciembre y desde entonces no faltó a los ensayos. Aunque su rol no exige una coreografía estricta, asegura que le gusta aprender todos los pasos: “Para enganchar, para levantar al público”. Hace tres años que integra Iberá, comparsa a la que siente como su casa, más allá de una breve experiencia en Shangó antes de la pandemia.
Entre mensajes, saludos y elogios, surgió inevitable la pregunta por el futuro. ¿Le gustaría ser reina? Ori no lo dudó: “Sí, me gustaría. Dependería de mi familia, pero sí”. Incluso confesó que el rol de Reina de Batería es uno de sus grandes sueños, siempre con la preparación que exige un lugar tan simbólico dentro del carnaval.
Antes de despedirse, dejó un agradecimiento sentido: a la comparsa, a su familia, a quienes la ayudaron con el traje hasta la madrugada y a todos los que hacen posible la fiesta. Con dolor en los brazos, marcas en la espalda y una sonrisa intacta, Oriana Miguel demostró que el carnaval también es entrega, sacrificio y amor profundo por Iberá.
El 2026 recién empieza para ella. Y en Saladas, ya muchos cruzan los dedos pensando en lo que vendrá.


