Solista 2026 de la Agrupación Musical Xangó, Candela Rudaz pasó por los micrófonos de A Puro Carnaval, el programa que se emite por Radio Urbana 90.5 MHz, y habló de su regreso a Xangó, el armado artesanal de su traje, la emoción del corsódromo y ese vínculo eterno con Carisma que nunca se rompe.
Entre aplausos, risas y anécdotas cargadas de complicidad carnavalera, Candela Rudaz fue protagonista de una charla distendida y profunda en A Puro Carnaval. Con la frescura que la caracteriza, la joven bailarina repasó su recorrido, las decisiones que la llevaron a convertirse en solista 2026 de Xangó y el fuerte componente familiar que atraviesa su camino artístico.
Tras haber sido parte de Carisma Show durante gran parte de su vida y luego de un año allí, Candela confesó que su corazón siempre tuvo un lazo especial con Xangó. “Me había quedado esa espina”, contó, recordando sensaciones pasadas, hasta que llegó la invitación formal de la agrupación. Una decisión que, aunque parecía definitiva, se fue construyendo entre charlas, insistencias familiares y esa pasión que nunca se apaga.
La Musa Pachanguera —personaje que representa este año— encontró además un repertorio musical con el que se sintió plenamente identificada. “Por primera vez me tocó un repertorio que me gusta”, afirmó, marcando la diferencia con experiencias anteriores donde no había logrado sentirse representada desde lo musical.
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista fue cuando relató el armado de su traje, realizado casi en su totalidad en casa, con la ayuda de su mamá, su vecina, su novio y un pequeño círculo íntimo. Jornadas intensas, desarmar y volver a armar, detalles corregidos hasta último momento y un espaldar emplumado a contrarreloj formaron parte de una verdadera postal del carnaval artesanal y familiar.
Candela también habló del desafío físico del corsódromo, de la adrenalina que todo lo compensa y de la emoción particular de vivir, por primera vez, el show de batería completo. “Ahí sentí el cansancio”, admitió entre risas, aunque dejando en claro que la pasión siempre termina ganando.
Reservada fuera de escena, pero desbordante sobre la calzada, confesó que la vergüenza desaparece cuando suena la música. Aunque no vea claramente las tribunas, reparte sonrisas y saludos a todos, guiada más por la emoción que por la vista.
Fiel a su historia, Candela no reniega de Carisma: sigue acompañando, ayudando y sosteniendo el vínculo afectivo. Incluso dejó abierta la puerta a futuras campañas, sueños compartidos y nuevos roles, sin descartar nada, pero sin apurarse. “Nunca pensé en eso, pero si me invitan… puede ser”, deslizó, dejando la intriga instalada.
Así, entre afectos, risas y proyectos, Candela Rudaz sigue escribiendo su historia carnavalera, demostrando que en el carnaval no solo se baila: se siente, se construye en familia y se vive con el corazón.


