La comparación de facturas eléctricas entre 2025 y 2026 muestra aumentos que en algunos hogares superan el 140% y, en ciertos casos, pasan el 150%. Vecinos de Saladas advierten que los ingresos no acompañan y que el sistema energético provincial, administrado por la Dirección Provincial de Energía de Corrientes, no brinda un servicio acorde a lo que se paga.
Los números duelen. Y no son aislados.
Al comparar facturas del mismo período entre 2025 y 2026, los incrementos rondan el 130%, 140% y en algunos casos superan el 150%. Es decir, en apenas un año, muchas familias pasaron a pagar más del doble por el mismo servicio.
Pero el impacto no termina ahí.
Dentro del propio 2026, los aumentos continúan acumulándose bimestre tras bimestre, con subas que rondan entre el 25% y el 35% en pocos meses. Esto significa que la presión sobre el bolsillo no se detiene.
Y mientras tanto, los salarios no crecieron en esos porcentajes. Las jubilaciones tampoco. Los ingresos familiares quedaron muy por detrás de estas cifras.
“Pagamos la luz o compramos comida”, repiten vecinos que presentaron notas y piden que alguien intervenga.
Un servicio caro… y cuestionado
El malestar no es solo por el monto. También hay reclamos por cortes, baja tensión y demoras en la atención técnica. Muchos usuarios sostienen que el servicio que presta la Dirección Provincial de Energía de Corrientes no está a la altura del costo que hoy deben afrontar.
En una provincia con temperaturas extremas, donde el uso de ventiladores y aires acondicionados no es un lujo sino una necesidad, la energía eléctrica se vuelve indispensable para la salud y la vida cotidiana.
Sin embargo, cada factura que llega genera angustia.
No es un número. Es una realidad.
Detrás de cada porcentaje hay una familia.
Detrás de cada aumento, hay decisiones que impactan directamente en la mesa de los hogares.
Cuando la luz sube más del 140% en un año, no se trata de una percepción exagerada. Es una realidad concreta que afecta a trabajadores, comerciantes, jubilados y pequeños emprendedores.
El reclamo es simple: tarifas razonables y un servicio eficiente.
Porque la energía no puede transformarse en un privilegio.
Debe ser un derecho accesible para todos.


