La ex senadora provincial y ex concejal de Saladas, Susana González, expuso públicamente la falta de funcionamiento de la Sala Velatoria Municipal “Madre Teresa de Calcuta”, culminada en 2021. Su planteo reabre el debate sobre la ausencia de políticas activas en un servicio esencial para las familias de escasos recursos y pone en el centro de la escena a la gestión del intendente Noel Gómez.
Una publicación en redes sociales de la dirigente justicialista Susana González volvió a encender una discusión que, aunque latente, no encontraba eco institucional: la sala velatoria municipal de Saladas está terminada desde hace años, pero sigue sin utilizarse.
En su mensaje, González planteó una “inquietud” que rápidamente se transformó en cuestionamiento político y social. Señaló que existen familias que atraviesan enormes dificultades al momento de despedir a sus seres queridos, no solo por la carga emocional sino también por la imposibilidad económica de acceder a un servicio digno. En ese sentido, remarcó la necesidad de que tanto el Ejecutivo como el Legislativo analicen la situación y activen soluciones concretas.
La Sala Velatoria Municipal “Madre Teresa de Calcuta”, ubicada en el barrio Vélez Sarsfield —en la intersección de Avenida del Trabajo y Conrado Fernández— fue concebida justamente para atender esta problemática. Con una superficie de 60 metros cuadrados, el edificio cuenta con sanitarios, espacio para buffet o cafetería y estaba pensado como un lugar de contención para familias de bajos recursos, complementando la asistencia municipal que actualmente se limita, en muchos casos, a la provisión del ataúd.
Sin embargo, a pesar de su finalización en 2021, el espacio permanece sin ser utilizado, lo que genera interrogantes sobre la planificación, ejecución y prioridades de la actual gestión municipal. La ausencia de este servicio obliga a muchas familias a improvisar despedidas en viviendas que no reúnen condiciones o a afrontar costos que no pueden sostener.
González fue más allá al proponer alternativas: planteó la posibilidad de generar capacitación para carpinteros locales y fabricar ataúdes, lo que permitiría abaratar costos y generar un circuito solidario y sustentable dentro de la comunidad. Su enfoque no solo apunta a la crítica, sino también a la construcción de soluciones con fuerte contenido social.
El trasfondo del planteo expone una cuestión central: cuando una obra pública de alto impacto social queda sin uso, no solo se desperdicia infraestructura, sino que se pierde la oportunidad de dar respuesta a una necesidad urgente. En este caso, se trata de uno de los momentos más sensibles en la vida de cualquier familia.
La falta de puesta en funcionamiento de la sala velatoria no es un dato menor. Es, en definitiva, un síntoma de desconexión entre la obra realizada y su finalidad. Y en ese punto, las responsabilidades recaen directamente sobre la gestión del intendente Noel Gómez, que hasta el momento no ha logrado transformar ese espacio en un servicio real para la comunidad.
En tiempos donde la situación económica golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables, la pregunta que sobrevuela es clara: ¿por qué una herramienta pensada para aliviar el dolor de las familias sigue cerrada?


